Las habilidades sociales que forman parte de la llamada Inteligencia Emocional comprenden realmente varias aptitudes distintas:
Influencia: ser capaz de persuadir a los demás.
Comunicación: saber escuchar y saber transmitir adecuadamente nuestros pensamientos.
Liderazgo: capacidad de guiar, motivar y dirigir a otras personas en beneficio del grupo o de un determinado objetivo.
Resolución de conflictos. Saber afrontar y resolver los conflictos que se presenten en la vida diaria, de forma constructiva y defendiendo los propios derechos sin perjuicio de los otros.
Establecimiento de Lazos. Alimentar y reforzar las relaciones entre las personas de su entorno.
Trabajo en equipo. ser capaz de colaborar y cooperar con otros en la persecución de objetivos comunes.
La importancia de la capacidad de manejarse adecuadamente en las relaciones humanas es evidente para cualquiera, pero a menudo lo que no es tan evidente es como condicionan nuestros resultados laborales, nuestra propia satisfacción personal, y nuestra propia felicidad.
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